Mostrando entradas con la etiqueta Santa Efigenia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa Efigenia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de junio de 2014

CONTRA AMARGURAS Y PENAS

 
 
 
TEXTO E ILUSTRACIÓN: LUIS PÉREZ MANRIQUE
 
 
La tristeza la sepulta en el olvido. En su rostro pinta una sonrisa de oreja a oreja. Aunque no lo puedas creer, sigue ahí, viva. No hay nadie quien se la pueda borrar. Ni el más o menos ignorante que cree que seguir en la nefasta Época de la Colonia. Mucho menos las autoridades que solo se acuerdan de él en ciertas fechas y hacen caso omiso a sus necesidades y angustias. Sí, contra amarguras y penas, él sabe cómo romper las cadenas y sonreírle a la vida. Sabe que ser afroperuano es ir más allá del co-
lor de piel. Más allá de un festejo, una sopa seca, unos picarones o un par de tutumas. ¿Y sabes cuál es la razón? Pues él sí sabe su verdadera historia. No la que le enseñaron en la escuela, sino la que escribieron sus ancestros en su corazón.
 
¡FELIZ DÍA DE LA CULTURA
AFROPERUANA!
*******
  ARTÍCULOS RELACIONADOS
 
> Hatajo de Pallitas: El espíritu de la mujer afro-andina
> África en nuestra sangre
> De África llegó y en La Quebrada se quedó

martes, 10 de diciembre de 2013

EL ENCUENTRO JARANERO DE DOS SANTOS NEGROS


Emotivo y jaranero. Así fue el encuentro de Santa Efigenia, Protectora del Arte Negro Nacional, con el Señor de los Milagros, el agasajado a lo grande que cumplía su quinto y último recorrido procesional del año en San Vicente de Cañete, en la región Lima.

ESCRIBE E ILUSTRACIÓN: Luis Pérez Manrique @Lperezmanrique
Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica

Ojos cautivadores, nariz perfecta y piel color café. Así es Santa Efigenia, como lo que es, toda una princesa y mártir de Etíopia (África), quien no estando de fiesta; risueña descendió de su altar; vistió su mejor traje, oro viejo con hilos plateados; salió salerosa de su templo y atravesó los benditos campos de La Quebrada con destino al frontis de mi hogar, en la tercera cuadra de la avenida 28 de julio de San Vicente (Cañete, Lima), porque allí, con los ánimos bien puestos y a la vista de todos, esperaría el momento indicado para saludar al Señor de los Milagros como lo sabe hacer: Al ritmo de un festejo.

Y llegada la noche se armó el jaranón. “Santa Efigenia va en busca del Señor de los Milagros”, mencionó Arturito Jr. (célebre cantante cañetano) antes de iniciar su canto/lamento:“pobre negrita, que triste está, porque su amo la va azotar; pobre negrita, que triste está, trabaja mucho y no gana na’ (…)”, mientras el estallido de las bombardas anunciaban el cercano encuentro de Santa Efigenia, Protectora del Arte Negro Nacional, con el Señor de los Milagros, el dueño de la fiesta, el agasajado a lo grande que cumplía su quinto y último recorrido procesional del año.

Entonces, Santa Efigenia, la ilustre visitante, respetuosa y elegante se hincó frente al Señor de los Milagros al tiempo que él hacía lo mismo. Sonó el Jipi Jipi Jay. Efigenia bailó un festejo. Se fue de derecha a izquierda, de norte a sur, de este a oeste. Avanzó, retrocedió y avanzó. Pues ese fue su homenaje: bailar el arte el cual protege y motiva a cultivar.

En el encuentro, los caballeros de la Cuadrilla 7 de la Hermandad del Señor de los Milagros apretaron con mucha más fuerza las soguillas de sus hábitos; las damas lanzaron plegarias; y, sin dejarlos de lado, los causantes de este hecho histórico: la familia Manrique Stop y la Asociación por el Arte y la Cultura Negra en el Perú “Santa Efigenia”, se emocionaron y aplaudieron.

De la misma manera, emoción y aplausos para despedir al dueño de la fiesta y a Santa Efigenia, quien después de la jornada, retornó a La Quebrada algo cansada pero satisfecha por la jarana negra. Volvió a vestir su traje rosado con hilos dorados y está allí, en su altar, Guapa como siempre, a espera de ser visitada durante todo el año, especialmente el 21 de setiembre.

Ojalá esto se vuelva a repetir todos los años, y así, se pueda convertir en una tradición.
s

martes, 8 de octubre de 2013

ME QUEDÉ CONTIGO, EFIGENIA, MI NEGRA SANTA

Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica

Hace unos años te conocí y, por cosas de la vida, me quedé contigo, con Sabino Cañas y con tus hijos afroperuanos. Hijos que hoy te cantan, te bailan y, bajo tus pies, te piden un milagro. Un milagro como el que le otorgaste a la señora Carmen, tu florera, quien con sus manos morenas te dejó preciosa en medio de un jardín de flores, entre blancas y amarillas. Un milagro como el que espera Doña María Herrera, una devota tuya quien llegó desde El Carmen (Chincha) en busca de inclinarse ante ti, y pedirte, desde el fondo de su corazón, que intercedas ante Dios para que su hijo enfermo recupere su salud. Un milagro como lo es también la realización de tu fiesta, emotiva y alborotada. Sí Efigenia, ya nos hemos dado cuenta que te gusta el alboroto, el escándalo. En fin. Es tu fiesta negra preciosa, y contra vientos y mareas, con o sin “Curruñao”, se realizó un año más.

ELLAS. La Señora Carmen desde muy temprano empezó a trabajar para dejar preciosa a Efigenia.
PRECIOSA. El resultado del trabajo de Doña Carmen fue más que satisfactorio.
ALEGRE. Su imagen trasmite amor y fe.
La misa concluyó y el momento de hacerte “el cambio de vestimenta” había llegado. Una vestimenta que con devoción, fe y amor, Luis Manrique y Juana Stop, mis abuelos, hemos deseado verte utilizar  en compañía de tus nuevos aretes, al salir en procesión y bailar un festejo; porque así fue la promesa: que en tu fiesta central estés hermosa y salerosa con tu nuevo traje y en medio del jardín de flores. Una vestimenta que tuvo como padrinos a Mamainé e Ysmael Tasayco, quienes aceptaron ser parte del acto y cumplir un solo objetivo: tener en mente tu historia, tu costumbre, tu tradición, en un mancha pecho, en algún reportaje, o compartirla con la familia, o con los amigos.

En junio, después de la dicha que me concediste, llegué a La Quebrada con un ramo de flores, y fue allí donde Patricia, tu máxima guardiana, me dijo: “Lucho este año tendrás el honor de vestir a Efigenia”. Desde aquel momento, sin ser exagerado, vivo emocionado. Tan emocionado como me encontré al retirarte tu antigua vestimenta y aretes. Tuve miedo que rechazaras la ofrenda, pero la aceptaste con tanto cariño que tu sonrisa era muy evidente. Eso me tranquilizó y me llenó de alegría. Aunque después del cambio de vestimenta me hayas hecho sudar y tener un fuerte dolor de espalda, sé por qué hiciste. Ojalá algunos de mis pecados se hayan eliminado.

Tenerte a escasos centímetros y poder hablarte, fue todo un privilegio. Un privilegio fue obsérvate fijamente a tus ojos color café, y encontrar en ellas reflejadas las penas y alegrías de tu pueblo. Un privilegio fue hablarte y agradecerte por darme la oportunidad de ser parte de tu Asociación por el Arte y la Cultura Negra en el Perú. Y un privilegio, es tenerte siempre a mi lado acompañándome a relatar a colores la vida de los afroperuanos, porque no siendo de piel negra tengo el alma de negro. Y con ello, seguiré contando tu historia por costa, sierra y selva.

Lo que consigo, éxitos y glorías, siempre serán para mi familia y para ti Efigenia, mi negra santa.
PARA TI. Una ofrenda para Efigenia con que paseó y disfrutó su festejo.