martes, 8 de septiembre de 2015

UN CRISTO DE OLIVO, RELIQUIA DE SEMANA SANTA

 

Texto y fotos:
Luis Pérez Manrique

  /luisperezmanrique @luispmanrique92
 
 

Mientras avanza la tarde del jueves santo y se agotan los picarones, dorados y suavecitos, en el pueblo de La Quebrada (San Luis de Cañete), mujeres y hombres portan un hábito guinda y se combinan entre la multitud de fieles que, en el exterior del templo, participan de la santa misa. Todos siguen al pie de la letra las indicaciones del sacerdote quien, minutos más tarde, concluye la ceremonia y se acerca al Señor de la Agonía que observa profundamente a quienes están reunidos frente a él, bajo un manto de fe y devoción.

“El Cristo llegó en el siglo XVII, acompañado del Señor de Luren y el Señor de los Temblores de Cusco”, recuerda Javier Oliveros Magallanes, Mayordomo General de la Hermandad del Señor de la Agonía de La Quebrada (fundada el 27 de noviembre de 1947), observando al ‘Cristo de Olivo’. Sí, Javier también revela que “el Señor de la Agonía fue tallado de un solo árbol de olivo”. Según lo expuesto y, sobre todo, “por ser una reliquia, el Instituto Nacional de Cultura, en el 2001, lo declaró como Patrimonio Cultural de la Nación”, explica el fiel devoto que, pasada las seis de la tarde, recibe el anuncio que debe dar inicio al recorrido procesional. Se acerca al anda, se persigna y, con martillo en mano, realiza los dos tradicionales golpes de campanilla.

Aparece en escena la banda de músicos que interpretan la marcha procesional “padre mío que estás en los cielos”, y ahí va el Señor de la Agonía, imponente y rítmicamente hacia el pueblo.

 

Él, es resguardado cuatro ángeles; lleva dos símbolos de la música criolla (un cajón en la mano izquierda y una guitarra en la derecha) que fueron trabajados y ofrecidos por el profesor Luis Morales Encalada; de la cruz, de abajo hacia arriba, salen un sinfín de margaritas –como si fuesen rayos–.

La procesión sigue su paso. Adelante de él, abriendo camino, va la Virgen Dolorosa y la Verónica. Pero  más a delante, a  unos metros, la familia Morales Encalada ha elaborado una alfombra con flores y aserrín de colores. Una de las integrantes de esta reconocida estirpe familiar, Maritza Morales, expresa emocionada que “la ofrenda la realizamos todos los años en forma de agradecimiento por todos los milagros que nos ha hecho. Esto no es para nosotros una costumbre, sino una devoción”. Maritza sonríe y no deja de observar al Cristo que cada vez se acerca más y más a la alfombra. Tal parece que está conversando con él. Sí pues: cosas de la fe, cosas de la devoción.

 

De noche a día
La brillante luna llena se pierde en el horizonte. El Señor de la Agonía vuelve a La Quebrada luego visitar al vecino pueblo de Santa Benito (Imperial). Amanece. Los primeros chispazos del sol caen sobre los fértiles campos.

El Cristo en su recorrido se encuentra con la Virgen del Tránsito, patrona de La Quebrada, y la Virgen del Rosario del Túpac. La procesión sigue su ritmo, pero lenta porque son cerca de las tres de tarde y debe llegar el momento de la gloriosa guardada para que él retorne a su casa y custodie a su pueblo desde ahí, desde el altar mayor del templo.

 
 
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