lunes, 30 de diciembre de 2013

HATAJO DE NEGRITOS: EL RITMO DE LA FE

En la provincia Ica, tierra de vinos y piscos, de un sol que brilla como la fe al Señor de Luren, aun sobrevive una costumbre que han suya afroperuanos y andinos. Una costumbre de color y fe de nombre “Hatajo o Baile de Negritos”; declarada Patrimonio Cultural de la Nación.

Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica

UNO.- Camisa y pantalón, ambos de color blanco como la pureza de su alma. Un emplumado gorrito rojo con adornos navideños luce sobre su cabeza. En su mano derecha sujeta una campanilla adornada de encendidas cintas, y en la otrauna soguilla de colores, rojo y blanco, llamada chicotillo. Sus pies, son protegidos por unos brillosos zapatitos negros que sacanfuego del piso. Dos bandas de seda, ornamentadas con lentejuelas, se cruzan delante de su camisita. Una de ellas, la más decorada, tiene la estampa de la Virgen del Rosario muy cerca del corazón.

Así es como el juguetón Luis, “Periquito” como lo conocen,viste en diciembre para continuar la costumbre de sus abuelos, padres y hermanos. La costumbre de danzar al fantástico sonido del violínyser instrumento de alabanza al niño Jesús recién nacido, convirtiéndose, en el pastorcito de menor edad de la Banda o Cuadrilla de Pastores del Cuarto Altar “Virgen del Rosario” de Pachacútec, en la provincia Ica.

DOS.-Nacido por fe y celebración, el Hatajo de Negritos, declarado Patrimonio Cultural de la Nación, hoy es una tradición de pura vida, de pura destreza y retumbe del corazón en cada golpe del rítmico zapateo que han hecho suya afroperuanos y andinos. Por ejemplo, en Casablanca (Santiago), los jóvenes de “Nuestras Raíces Iqueñas”, finalistas de un conocido programa televiso de talento peruano, en cada salto embrujan; en cada giro deslumbran energías; y en cada grito exprimen el arte y las buenas ganas de continuar el legado de sus ancestros al son del violín y las campanillas.

TRES.- En el distrito de Tate, la misma pasión es la que envuelve a Jorge Cahua, violinista por excelencia de esta danza de alegría y fe, de fuerza y sacrificio. “Me inicié desde pequeño como pastorcito y caporal, y luego pasé a ser maestro. Un día se me dio por tocar violín; entonces fue así como descubrí ese talento en mí. Un arte que no es fácil de aprenderlo sino existe dedicación y entrega”, comenta, antes de deleitarnos con la mixtura de sonidos, tiernos y jubilosos, que emite su violín. Armonías de sentimientos y colores.
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CUATRO.-“Ya está la pichi del niño”, dice doña Blanca Tataje, carismática como ninguna, mientras todos los integrantes de la Cuadrilla de Negritos (abuelo, pastorcitos, caporales, maestro y violinista) se le acercan para degustar y saciar su sed. Pues así se le conoce al "ponche de agraz", una combinación de agua hervida con canela, clavo de olor, azúcar y zumo de uva verde complementada con mango verde picado. Aquel preparado sirve para beber antes y/o después de la adoración al niño Manuelito.


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