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miércoles, 4 de junio de 2014
CONTRA AMARGURAS Y PENAS
miércoles, 29 de enero de 2014
LA MAZAMORRA DE UVA
En Lunahuaná, donde el río le canta a la tierra, al sol y al hombre, se encuentra Uchupampa. En este edén, Olinda Yactayo nos ha enseñado la preparación de la “Mazamorra de Uva”. Un dulce que sigue vivo al paso del tiempo.
ESCRIBE: Luis Pérez Manrique @Lperezmanrique
Estudiante de periodismo
Universidad Jaime Bausate y Meza
Continuar su preparación es sinónimo de la tradición familiar y cultural del pueblo. Un saber que nació en el campo, en las casas de adobe ante la atenta mirada de los cerros, el susurro del viento y el arrullador canto del río Cañete.
Han pasado largas décadas y esa herencia sigue despierta en los corazones de sus más fieles cultores y admiradores. Esa herencia que, al ser degustada, endulza la vida y rememora imágenes de la infancia. Esa combinación de colores y olores que la convierte en la apreciada Mazamorra de Uva, aún rescatada por los lugareños de Lunahuaná.
En el Anexo Uchupampa (nombre quechua que significa “área o campo del ají”), por ejemplo, el aprovechamiento de las uvas –como otros productos fructíferos y agrícolas– es un emblema local y regional. La mazamorra de esta fruta es, si hablamos de dulces y postres, una de sus más grandes maravillas que “se resiste al paso del tiempo y que es transmitida de abuelos a nietos, de padres a hijos”, según cuenta Olinda Yactayo, quien aprendió a preparar la “Mazamorra de Uva” observando a su abuela doña Margarita Casas.
Con Olinda, de cabello ensortijado y tez trigueña, nos hemos ubicado en la rústica cocina de su hogar que por años, la ha visto desarrollarse como una de las más destacadas cocineras y dulceras de la zona. Ella, para preparar la Mazamorra de Uva, empieza a moler seis mazorcas de maíz blanco y tres del morado hasta convertirlas en harina. Por otro lado, sobre un recipiente aplasta tres racimos de uvas verdes –de la variedad quebranta– y le extrae el zumo. En ambos procesos, utiliza un colador para separar el producto del residuo.
Olinda, siguiendo la receta original, en una olla con dos litros de agua combina los productos (harina y zumo de las uvas), clavo de olor y canela revolviéndolas con la ayuda de un cucharon, una y otra vez. Luego, agrega unas cuantas gotas de la esencia de vainilla para darle un toque de su aroma. Enciende la leña y cocina la espléndida mixtura de colores, sabores y texturas. Añade azúcar. Remueve y remueve por un tiempo aproximado de 20 a 30 minutos (para que no se formen grumos).
“La harina del maíz morado, por ser obtenida bajo un proceso natural, no ha perdido la antocianina, que es la pigmentación que le dará el color característico. Además, el zumo de las uvas verdes (preferible de las que están a punto de pintar) es el que le pondrá ese sabor agrio y especial a la mazamorra. Pues ahí están los secretitos”, manifiesta.
Una vez que la mezcla ha alcanzado el punto indicado, Olinda retira la olla del fuego y sirve la mazamorra sobre unos pequeños recipientes. Pero avisa que el proceso aún no ha concluido. Sabe que la mazamorra de uva necesita más cariño. Ese cariño que será transformado en espera. Se puede degustar caliente, sí, pero fría, su sabor y textura son mucho más agradables. Incluso la mazamorra al enfriarse tomará forma y se servirá, según la tradición, sobre la hoja de la uva como símbolo que lo heredado sigue tal y como los ancestros han dejado el saber.
Han pasado largas décadas y esa herencia sigue despierta en los corazones de sus más fieles cultores y admiradores. Esa herencia que, al ser degustada, endulza la vida y rememora imágenes de la infancia. Esa combinación de colores y olores que la convierte en la apreciada Mazamorra de Uva, aún rescatada por los lugareños de Lunahuaná.
En el Anexo Uchupampa (nombre quechua que significa “área o campo del ají”), por ejemplo, el aprovechamiento de las uvas –como otros productos fructíferos y agrícolas– es un emblema local y regional. La mazamorra de esta fruta es, si hablamos de dulces y postres, una de sus más grandes maravillas que “se resiste al paso del tiempo y que es transmitida de abuelos a nietos, de padres a hijos”, según cuenta Olinda Yactayo, quien aprendió a preparar la “Mazamorra de Uva” observando a su abuela doña Margarita Casas.
Con Olinda, de cabello ensortijado y tez trigueña, nos hemos ubicado en la rústica cocina de su hogar que por años, la ha visto desarrollarse como una de las más destacadas cocineras y dulceras de la zona. Ella, para preparar la Mazamorra de Uva, empieza a moler seis mazorcas de maíz blanco y tres del morado hasta convertirlas en harina. Por otro lado, sobre un recipiente aplasta tres racimos de uvas verdes –de la variedad quebranta– y le extrae el zumo. En ambos procesos, utiliza un colador para separar el producto del residuo.
Olinda, siguiendo la receta original, en una olla con dos litros de agua combina los productos (harina y zumo de las uvas), clavo de olor y canela revolviéndolas con la ayuda de un cucharon, una y otra vez. Luego, agrega unas cuantas gotas de la esencia de vainilla para darle un toque de su aroma. Enciende la leña y cocina la espléndida mixtura de colores, sabores y texturas. Añade azúcar. Remueve y remueve por un tiempo aproximado de 20 a 30 minutos (para que no se formen grumos).
“La harina del maíz morado, por ser obtenida bajo un proceso natural, no ha perdido la antocianina, que es la pigmentación que le dará el color característico. Además, el zumo de las uvas verdes (preferible de las que están a punto de pintar) es el que le pondrá ese sabor agrio y especial a la mazamorra. Pues ahí están los secretitos”, manifiesta.
Una vez que la mezcla ha alcanzado el punto indicado, Olinda retira la olla del fuego y sirve la mazamorra sobre unos pequeños recipientes. Pero avisa que el proceso aún no ha concluido. Sabe que la mazamorra de uva necesita más cariño. Ese cariño que será transformado en espera. Se puede degustar caliente, sí, pero fría, su sabor y textura son mucho más agradables. Incluso la mazamorra al enfriarse tomará forma y se servirá, según la tradición, sobre la hoja de la uva como símbolo que lo heredado sigue tal y como los ancestros han dejado el saber.
Detalle: Para aprender y degustar la emblemática “Mazamorra de Uva” y otros
saberes culinarios de Olinda Yactayo, usted puede ubicarla en su hogar ubicado
en la misma carretera hacia Yauyos en el Anexo de Uchupampa (Lunahuaná,
Cañete). O llamando al 982356831 para contactarla.
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martes, 10 de diciembre de 2013
EL ENCUENTRO JARANERO DE DOS SANTOS NEGROS

Emotivo y jaranero. Así fue el encuentro de Santa Efigenia, Protectora del Arte Negro Nacional, con el Señor de los Milagros, el agasajado a lo grande que cumplía su quinto y último recorrido procesional del año en San Vicente de Cañete, en la región Lima.
ESCRIBE E ILUSTRACIÓN: Luis Pérez Manrique @Lperezmanrique
Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica
Ojos cautivadores, nariz perfecta y piel color café. Así es Santa Efigenia,
como lo que es, toda una princesa y mártir de Etíopia (África), quien no
estando de fiesta; risueña descendió de su altar; vistió su mejor traje, oro
viejo con hilos plateados; salió salerosa de su templo y atravesó los benditos
campos de La Quebrada con destino al frontis de mi hogar, en la tercera cuadra
de la avenida 28 de julio de San Vicente (Cañete, Lima), porque allí, con los
ánimos bien puestos y a la vista de todos, esperaría el momento indicado para saludar al
Señor de los Milagros como lo sabe hacer: Al ritmo de un festejo.
Y llegada la noche
se armó el jaranón. “Santa Efigenia va en busca del Señor de los Milagros”, mencionó Arturito Jr. (célebre cantante cañetano) antes de iniciar su
canto/lamento:“pobre negrita, que triste está, porque su amo la va azotar; pobre
negrita, que triste está, trabaja mucho y no gana na’ (…)”, mientras el estallido de las bombardas anunciaban el cercano encuentro
de Santa Efigenia, Protectora del Arte Negro Nacional, con el Señor de los
Milagros, el dueño de la fiesta, el agasajado a lo grande que cumplía su quinto
y último recorrido procesional del año.
Entonces, Santa
Efigenia, la ilustre visitante, respetuosa y elegante se hincó frente al Señor
de los Milagros al tiempo que él hacía lo mismo. Sonó el Jipi Jipi Jay.
Efigenia bailó un festejo. Se fue de derecha a izquierda, de norte a sur, de este
a oeste. Avanzó, retrocedió y avanzó. Pues ese fue su homenaje: bailar el arte
el cual protege y motiva a cultivar.
En el encuentro,
los caballeros de la Cuadrilla 7 de la Hermandad del Señor de los Milagros
apretaron con mucha más fuerza las soguillas de sus hábitos; las damas lanzaron
plegarias; y, sin dejarlos de lado, los causantes de este hecho histórico: la
familia Manrique Stop y la Asociación por el Arte y la Cultura Negra en el Perú
“Santa Efigenia”, se emocionaron y aplaudieron.
De la misma
manera, emoción y aplausos para despedir al dueño de la fiesta y a Santa
Efigenia, quien después de la jornada, retornó a La Quebrada algo cansada pero
satisfecha por la jarana negra. Volvió a vestir su traje rosado con hilos
dorados y está allí, en su altar, Guapa como siempre, a espera de ser visitada
durante todo el año, especialmente el 21 de setiembre.
Ojalá esto se
vuelva a repetir todos los años, y así, se pueda convertir en una tradición.
s
s
martes, 8 de octubre de 2013
ME QUEDÉ CONTIGO, EFIGENIA, MI NEGRA SANTA
Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica
Hace
unos años te conocí y, por cosas de la vida, me quedé contigo, con Sabino Cañas
y con tus hijos afroperuanos. Hijos que hoy te cantan, te bailan y, bajo tus
pies, te piden un milagro. Un milagro como el que le otorgaste a la señora
Carmen, tu florera, quien con sus manos morenas te dejó
preciosa en medio de un jardín de flores, entre blancas y amarillas. Un milagro
como el que espera Doña María Herrera, una devota tuya quien llegó desde El
Carmen (Chincha) en busca de inclinarse ante ti, y pedirte, desde el fondo de
su corazón, que intercedas ante Dios para que su hijo enfermo recupere su
salud. Un milagro como lo es también la realización de tu fiesta, emotiva y
alborotada. Sí Efigenia, ya nos hemos dado cuenta que te gusta el alboroto, el
escándalo. En fin. Es tu fiesta negra preciosa, y contra vientos y mareas, con
o sin “Curruñao”, se realizó un año más.
| ELLAS. La Señora Carmen desde muy temprano empezó a trabajar para dejar preciosa a Efigenia. |
| PRECIOSA. El resultado del trabajo de Doña Carmen fue más que satisfactorio. |
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| ALEGRE. Su imagen trasmite amor y fe. |
En
junio, después de la dicha que me concediste, llegué a La Quebrada con un ramo
de flores, y fue allí donde Patricia, tu máxima guardiana, me dijo: “Lucho este
año tendrás el honor de vestir a Efigenia”. Desde aquel momento, sin ser
exagerado, vivo emocionado. Tan emocionado como me encontré al retirarte tu
antigua vestimenta y aretes. Tuve miedo que rechazaras la ofrenda, pero la
aceptaste con tanto cariño que tu sonrisa era muy evidente. Eso me tranquilizó
y me llenó de alegría. Aunque después del cambio de vestimenta me hayas hecho
sudar y tener un fuerte dolor de espalda, sé por qué hiciste. Ojalá algunos de
mis pecados se hayan eliminado.
Tenerte
a escasos centímetros y poder hablarte, fue todo un privilegio. Un privilegio
fue obsérvate fijamente a tus ojos color café, y encontrar en ellas reflejadas
las penas y alegrías de tu pueblo. Un privilegio fue hablarte y agradecerte por
darme la oportunidad de ser parte de tu Asociación por el Arte y la Cultura
Negra en el Perú. Y un privilegio, es tenerte siempre a mi lado acompañándome a
relatar a colores la vida de los afroperuanos, porque no siendo de piel negra
tengo el alma de negro. Y con ello, seguiré contando tu historia por costa,
sierra y selva.
Lo
que consigo, éxitos y glorías, siempre serán para mi familia y para ti
Efigenia, mi negra santa.
| PARA TI. Una ofrenda para Efigenia con que paseó y disfrutó su festejo. |
jueves, 29 de agosto de 2013
LA TUCA: IDENTIDAD, CELEBRACIÓN Y HERENCIA CAÑETANA

ESCRIBE Y FOTOS: Luis Pérez Manrique @Lperezmanrique
Estudiante de Ciencias de la Comunicación
Universidad Nacional “San Luis Gonzaga” de Ica
Nació de lo sobrante del patrón, del hambre del afroperuano, quien ingenioso, mezcló aquel resto con otros insumos y los transformó en alimento. Hoy, su preparación representa identidad en los corazones, celebración en la cocina y herencia en la sangre. Es el potaje de pobres y ricos, pero sobre todas las cosas, es uno de los platos más emblemáticos de Cañete, “Cuna y Capital del Arte Negro Nacional”.
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| COMO DIOS MANDA. Así es ella, encantadora, apasionada y amante. |
La creatividad afrocañetana, la que se enfrentó al maltrato del patrón, la que integra y consuela. La que aún sigue viva al ritmo de la cocina. La sabrosa de ser llamada “Tuca”. Así es. Aquella que necesita que su aderezo brille más que el oro para que ingresen los trozos pequeños (previamente limpios) de las vísceras de la res y se puedan dar un buen chapuzón en cachina seca hasta que la fantástica combinación cocine. Cuando haya sucedido, el ají amarillo y el culantro (ambos picaditos) también deberán ser parte de ella. Ojo: al ser cumplido el propósito, quizás, la yuca, el frejol y el arroz la deban acompañar en su presentación.
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| AQUÍ ES. Don “Cachito” nos espera con la “Tuca” todos los jueves en su Restaurante “Brizet”. |
Por ejemplo, como la presentación que ha elaborado don Guillermo García, más conocido como “Cachito”. Él, con el saber que aprendió de su madre doña Rosa Encalada, envuelto por pasión y arte, continúa rescatando el sabor de este potaje poco difundido. Un potaje que él prepara cada jueves, cuando el reloj marca la hora del bitute, y sonriente, abre las puertas de su Restaurante “Brizet”, ubicado en la Calle Santa Rosa N° 250 – 2do piso (Urb. Los Libertados) en San Vicente, esperando que los comensales, al degustar tremenda exquisitez, sientan la gloria.
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| LA MEJOR. La “Tuca” por ser la que pone el ritmo en la cocina, siempre será la Reina del Festejo. |
¡Y que venga la Señorita “Tuca” y que haga de las suyas!
Solo un consejo: no hay que mirarla por mucho tiempo que se puede enfriar, porque su propósito es salir de olla para enamorar y satisfacer al más amable, caprichoso y engreído paladar.
Después de sentir la gloria, un buen trago de pisco nos llevará de ida y vuelta al paraíso…
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